Porciones de felicidad

Autor: Anne Ostby

Nº de páginas: 256

Editorial: Maeva

Sinopsis:

Kat es una mujer de 66 años que desde que acabó el instituto ha viajado, junto con su marido Niklas, por países como Afganistán o la India realizando labores de ayuda humanitaria. Tras enviudar decide ponerse en contacto con sus amigas de la universidad e  invitarlas a pasar una temporada con ella en su casa de Fiji, que cuenta con una plantación de cacao de varias hectáreas. Las vidas de las cinco amigas no podrían ser más distintas. Sina se quedó embarazada después de acabar el instituto y decidió tener el bebé euros Lisbeth se casó con Harald, un hombre rico, y su vida ha girado alrededor de dietas imposibles y tablas de ejercicios euros Maya,  también  viuda,  tiene  una  hija  que  está  muy  pendiente de su estado de salud, cada vez más preocupante euros e Ingrid, una contable soltera que desea sacar a la aventurera que lleva dentro. Las cuatro deciden aceptar la invitación de su amiga. Una vez en Fiji, intentan retomar una amistad que lleva mucho tiempo en segundo plano, eclipsada por prioridades familiares y profesionales. Poco a poco, las amigas descubren cómo ha sido la vida de las demás y los secretos que llevan años callándose, y consiguen vivir momentos de felicidad.

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Decía la nota de prensa de este libro que si te gustó El exótico hotel Marigold te gustaría este libro, yo no he leído ese libro pero si he visto la película varias veces y me gusta mucho, así que cuando Maeva abrió las colaboraciones decidí pedirlo y si, es cierto que recuerda a la película.

Kat es una mujer que ha vivido toda su vida viajando por países exóticos junto a su marido, cuando él muere decide invitar a sus amigas del instituto a vivir a su casa en Fiyi, el libro empieza con la carta que envía a todas ellas. Así que poco a poco vamos conociendo a sus amigas a través de los diferentes capítulos, que motivo les ha llevado a aceptar la invitación y que ha sido de sus vidas en cincuenta años.

Cada capítulo está contado desde el punto de vista de cada una de ellas, siempre encabezado por su nombre y así es como está contada toda la historia. Además se intercalan casi entre cada capítulo de las amiga, los capítulos de Ateca, la asistenta en casa de Kat, una señora del pueblo de Fiyi en el que viven que en esos capítulos de un par de páginas lo único que hace es rezar. Personalmente me sobraron mucho los capítulos de Ateca y si hubieran sido más largos de la página y media o dos páginas que duraban lo más probable es que me los hubiera acabado saltando, a mí es que los ayúdame señor a ayudar a las señoras, con tu bendición lo conseguiremos, etc… me repelen mucho, así que esos capítulos me los hubiera ahorrado sin ningún tipo de duda.

Luego las cinco mujeres son todas muy diferentes entre si, creo que con algunas empatizas más que con otras y que por mucho que haga 50 años que no se ven te las puedes imaginar claramente durante su época del instituto como un grupo de lo más variado donde está muy claro quien era la líder, a quien le hubiera gustado ocupar su lugar, quienes eran las amigas en la sombra y las posibles rivalidades ocultas que ya entonces había entre ellas.

Primero está Kat, la que ha viajado por medio mundo y ha decidido jubilarse en ese pueblo de Fiyi con su plantación de cacao. Ingrid, una mujer que siempre ha reprimido sus ganas de hacer cosas en favor de un trabajo cómodo, es la única soltera y sin hijos del grupo. Sina, que fue madre soltera y que claramente era el patito feo del grupo, su hijo es su ruina porque no trabaja ni hace nada de provecho a sus 50 años, solo le saca el dinero a su madre para sus negocios imposibles. Lisbeth, la eterna aspirante a abeja reina, la que se casó con el chico guapo y rico del instituto y ha vivido una vida acomodada, que no feliz, en su pueblo de toda la vida. Y por último Maya, que está enferma y decide que pasará en Fiyi sus últimos días.

Y a través de todos esos capítulos las vas conociendo, la historia de Maya creo que es la más dura de todas porque vas viendo poco a poco como se deteriora y como va dejando atrás su vida pasada. La de Sina también es bastante complicada porque su hijo se aprovecha de ella y la ha arruinado por completo. Con Lisbeth es más difícil conectar porque es una estirada, no asume su edad y solo está pendiente de su aspecto físico, aunque con el paso de los capítulos te das cuenta de que tiene motivos para ser como es. Creo que Ingrid es la que tiene más puntos para convertirse en el personaje favorito de todos los que lean el libro porque está abierta a aprender de todo y a vivir la experiencia al máximo, es todo lo contrario a Lisbeth. Kat creo que es el personaje más misterioso de todos porque aunque parece que sin ella nada funcionaría yo tampoco sentí que aportara demasiado a la historia aparte de ser la que lo inicia todo.

Me gustó descubrir las vidas de todas, como se adaptaban a su nueva vida en Fiyi y el inicio de su fábrica de chocolate, porque tienen 67 años pero no se rinden, retoman entonces proyectos que algunas no se atrevieron a hacer mucho más jóvenes y siguen apostando por sus sueños.

Pero para mí pinchó un poco al final, el último capítulo de Kat en el que intenta resolver algo que Kat va contando con cuentagotas a lo largo del libro para mí no quedó nada claro. Ese último capítulo y los capítulos de rezar de Ateca no me gustaron nada, y aún los capítulos de rezar los hubiera podido pasar por alto de no haber sido por el pinchazo final.

Después hay un epílogo en el que se cuenta como va todo siete años después de la llegada de todas a Fiyi y eso si me gustó, así que es una suerte que el libro no terminara en el capítulo de Kat y si en ese epílogo, porque si llega a terminar en el capítulo de Kat a mí me hubiera dejado muy mal sabor de boca. Es lo malo de que el capítulo en el que todo pincha sea el último, que al final te arruina un poco el resto de la experiencia (que se lo pregunten al epílogo de Harry Potter).

Pero si ignoro ese último capítulo de Kat y me quedo con todo lo demás el libro si me gustó mucho y disfruté de la historia, una pena que pinchara así justo en el último capítulo, por suerte a veces los epílogos sirven para arreglar un poquito la situación.

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