Papelería

El cuaderno de la basura: escribir para entender lo que estás viviendo

A veces vivimos situaciones que nos bloquean. Cosas que, mientras estamos dentro, no somos capaces de ver con claridad. Para eso está lo que yo llamo el cuaderno de la basura.

He tenido tres o cuatro a lo largo de mi vida, que en realidad no son tantos, si me paro a pensar. El último lo empecé en 2021, cuando necesitaba un cuaderno que me ayudara a volcar todo lo que me estaba pasando para poder entenderlo.

Para mí es esencial elegir el cuaderno más feo que tenga. Porque es un cuaderno que no me va a dar pena dejar de usar cuando deje de ser necesario, o incluso destrozarlo y echarlo al fuego. Ese es el objetivo: que llegue un momento en el que ya no lo necesites.

Qué es para mí un cuaderno de la basura (y qué no)

El cuaderno de la basura no es mi diario personal, ni siquiera el cuaderno de las tres páginas (donde también escribo cosas sin sentido). No es el diario en el que reflexionar o poner lo que pienso. Es el sitio en el que escribo, sin filtro y sin cuidado, lo que me está pasando. Casi de manera automática.

A mí me sirve para escribir lo que me pasa de forma totalmente honesta, sin maquillarlo, sin pensar que alguien que no sea yo lo va a leer, para ver patrones porque al final siempre escribes sobre lo mismo y para ver la realidad de lo que está pasando.

Es un cuaderno que sé que voy a releer (cosa que no suelo hacer con el diario), no en el momento, pero si pasadas unas semanas, para que me ayude a entender. No es algo cómodo, pero es que precisamente ahí está su utilidad.

El primero (cuando ni siquiera sabía lo que era)

Mi primer cuaderno de la basura fue en el colegio, aunque entonces no sabía que estaba empezando uno. Me sentía un bicho raro. No sé qué fue de ese cuaderno, pero sería interesante encontrarlo ahora.

Yo fui a EGB, así que el colegio duraba hasta los 14 años, y probablemente lo empecé en los dos últimos cursos. Fue cuando fui plenamente consciente de que era “la rara” y de que todo el mundo me malinterpretaba constantemente (o le interesaba interpretar algo que yo no era).

Ahora a eso lo llamamos acoso escolar. Entonces no tenía nombre. Y, por suerte, tampoco se colaba en casa en forma de redes sociales.

Creo que fue un cuaderno bastante inofensivo, en el que seguramente daba vueltas una y otra vez a lo mismo: qué había dicho o hecho para provocar ciertos comportamientos. Porque sí, creía que era culpa mía. Que hacía o decía cosas que molestaban.

El cuaderno que ayudó a ver la realidad

El cuaderno más reciente lo empecé en 2021, cuando mi exjefe decidió que el sueldo de sus trabajadores se lo gastaba él.

Es impresionante la claridad con la que veía lo que estaba pasando cuando escribía en ese cuaderno… y cómo se me olvidaba todo cuando volvía al trabajo, a su manipulación y a ese ambiente de infierno constante.

Ese cuaderno todavía no lo he tirado porque la situación no está cerrada del todo (sigue sin pagar, a pesar de estar condenado desde hace casi dos años). Pero hace muchos meses que no escribo en él. Desde que salí de allí, conté lo que estaba pasando y lo denuncié. En ese momento dejé de necesitarlo. De hecho fue importante para tomar la decisión de denunciar, porque en el cuaderno estaba todo… que no era algo no intencionado o accidental, que nunca tuvo la intención de pagar, que en realidad se estaba gastando nuestro dinero para pagarse su tren de vida y mintiendo constantemente.

Mi objetivo es poder quemarlo en una hoguera algún día. Ese día sabré que el ciclo está cerrado.

Cuando escribir te hace sentir culpa (pero dice la verdad)

A veces escribir en el cuaderno de la basura te hace sentir culpa. Especialmente cuando estás atrapada en el problema y no eres capaz de ver la situación con perspectiva.

Recuerdo escribir que mi exjefe no pagaba porque no quería, que se gastaba el dinero y que nos engañaba a todos… y sentirme fatal el lunes siguiente, cuando llegaba al trabajo y se hacía la víctima porque “no podía comprar el pan”. Pero lo que había escrito en el cuaderno era lo que realmente estaba pasando. Y el juicio lo confirmó.

Por eso hay que hacerle caso al cuaderno de la basura. Si necesitas abrir uno, es una señal clara de que algo no va bien y merece tu atención.

No tiene que ser bonito (de hecho, mejor que no lo sea)

Es algo que recomiendo mucho. No necesita ser bonito ni caro, porque su objetivo es muy concreto: ayudarte a entender lo que estás viviendo.

A veces, cuanto más normal sea el cuaderno, mejor, porque entonces no te dolerá cuando llegue el momento de tirarlo, de quemarlo o de lo que quieras hacer con él.

Eso sí, el cuaderno de la basura tiene un doble filo, y es importante ser consciente de ello para no entrar en un bucle que no ayuda en absoluto.

Este cuaderno no está para releerlo una y otra vez cuando ya sabes lo que está pasando. No está para recrearte en lo mal que te sientes ni para usarlo como prueba de lo mierda que eres (o de lo mierda que crees que eres). Su función es muy concreta: ayudarte a ver con claridad cuando estás dentro del problema y todo está distorsionado.

Por eso solo tiene sentido leerlo cuando necesitas entender qué está ocurriendo. No después, no para sentir culpa por no haber actuado antes.

Cuando el cuaderno ya ha cumplido su función, conservarlo puede ser peligroso. Porque existe la tentación de volver a él no para aclarar nada, sino para castigarte. Para releer lo que escribiste y usarlo como arma contra ti misma.

Con los cuadernos de la basura no lo he hecho, pero si lo hice en el instituto. Me mandaron una carta por San Valentín llena de insultos. La guardé durante años y, de vez en cuando, la volvía a leer para que me recordara lo mierda que era. Tardé años en tirarla. No porque necesitara entender nada, sino porque había convertido ese papel en una forma de machacarme. Un día la encontré un cajón y dije ¿pero por qué he guardado esta mierda durante años? Y se fue a la basura sin contemplaciones.

Y el cuaderno de la basura no es para eso.

Por eso destruirlo, tirarlo o quemarlo cuando ya no lo necesitas es importante. No como gesto simbólico o bonito, que también, sino como una forma muy práctica de evitar caer en un círculo que no aporta nada bueno.

¿Has tenido alguna vez un cuaderno de la basura?

Coleccionista de muñecas, fotógrafa, adicta a los musicales, a Londres, a crear blogs, a twitter y últimamente también adicta a youtube.

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