¿Por qué tenemos tanta prisa por comprar una agenda que no podemos usar hasta enero?
Estamos a finales de agosto y eso significa que está a punto de empezar una de esas épocas del año en las que las personas a las que nos gusta la papelería perdemos un poco la cabeza: la temporada de agendas.
El 1 de septiembre empiezan a salir muchas de las agendas de 2027 y estaremos mirando portadas, comparando interiores, viendo vídeos y decidiendo cuál queremos antes de que se agote. Yo la primera, no os voy a engañar. De hecho, sé perfectamente lo que voy a hacer: comprar mi Hobonichi, como todos los años.
Pero hay algo bastante absurdo en todo esto. Estamos comprando con una urgencia tremenda una agenda que no vamos a poder utilizar hasta el 1 de enero. La compraremos en septiembre, llegará a casa, la abriremos, miraremos cada una de sus páginas, comprobaremos el papel, probablemente haremos alguna prueba con nuestras plumas y tintas, pensaremos en cómo vamos a utilizarla… y después la guardaremos en un cajón durante meses.
¿Qué necesidad tenemos de comprarla tan pronto? Pues seguramente ninguna. Pero yo voy a hacerlo de todas formas.

La temporada de agendas empieza cada vez antes
No sé en qué momento septiembre se convirtió en el mes de las agendas del año siguiente, aunque supongo que tiene bastante que ver con que septiembre siempre ha tenido un poco de enero.
Aunque lleves décadas sin pisar un colegio, llega septiembre y sigue existiendo esa sensación de empezar algo nuevo. Se termina el verano, volvemos a las rutinas y durante muchos años fue el momento de estrenar libros, libretas, estuches, bolígrafos… Así que tampoco es tan raro que nos siga apeteciendo estrenar papelería cuando llega septiembre.
El pequeño problema es que las agendas que estamos comprando ahora no empiezan en septiembre. Empiezan en enero. Nos quedan cuatro meses de 2026 y nosotros ya estamos pensando dónde vamos a apuntar las cosas que nos pasen en 2027.
También es verdad que las marcas no ayudan demasiado. Las colecciones empiezan a anunciarse con antelación, llegan los vídeos enseñando las novedades y determinadas portadas o ediciones pueden agotarse mucho antes de que llegue enero. Así que aparece esa sensación de que no puedes esperar tranquilamente hasta diciembre porque, si lo haces, igual la agenda que querías ya no existe. Y a veces es verdad.
Que seguirá quedando gente normal que se comprará su agenda de año escolar sin pensar demasiado en que papel lleva o si la funda va a hacer juego con sus ojos. Pero eso, desde hace muchos años, aquí no pasa. Además, esos regalos que incluyen con las Hobonichi y que si no te das prisa se agotan ¿nadie los cuenta?
No estamos comprando solo una agenda
Creo que ahí está realmente la cuestión. Si una agenda fuera únicamente una herramienta para saber que el 17 de marzo tienes cita con el dentista, no tendría demasiado sentido comprarla cuatro meses antes de poder escribir en ella.
Pero para quienes disfrutamos de la papelería no es solo eso. Elegir la agenda forma parte del hobby. Miramos qué papel lleva, qué tamaño queremos, si preferimos una página por día o una semana completa, qué portada nos gusta más y, por supuesto, qué plumas y qué tintas vamos a utilizar con ella.
Y luego está todo lo que imaginamos que vamos a hacer cuando llegue enero.
Porque con una agenda nueva siempre aparece una versión maravillosa de nosotros mismos que se va a organizar perfectamente durante los siguientes doce meses. Esta vez sí vamos a utilizarla todos los días, nuestra letra va a ser preciosa, vamos a llevar todos los registros al día y no habrá ninguna semana de mayo en la que encontremos siete páginas completamente en blanco.
Que en realidad no sé por qué las sigo llamando agenda si hace mucho que no las utilizo como tal. Si necesito una agenda probablemente me vaya a por la cosa más tirada y más barata del bazar. Pero mis hobonichi son otra cosa, son algo que quiero conservar y que, si me he dejado hojas, que siempre pasa, las querré reciclar hasta que no quede una sola página en blanco.
La espera también forma parte de la gracia
Con las plumas y las tintas pasa algo parecido. Evidentemente no necesito terminar un tintero para comprar otro y tampoco necesito que se rompa una pluma para querer una nueva. A veces simplemente me gusta algo y me hace ilusión tenerlo.
Con las agendas también pasa, solo que tienen una particularidad bastante absurda: puedes comprarla y tener que esperar cuatro meses para utilizarla.
Durante esos meses me dedico a pensar qué voy a hacer con ella, si este año si voy a usar una parte como agenda o no (no nos engañemos… ya sé que no), si voy a hacer trackers… otra de esas cosas en las que siempre fallo miserablemente aunque lo intente. O si va a ser mi diario, sin más… lo de que algunas las compro solo porque son bonitas y las quiero tener, mejor lo dejamos para otro día.
No todo lo que compramos relacionado con una afición tiene que responder a una necesidad inmediata. A veces la ilusión de elegirlo, esperarlo y pensar en cómo vamos a utilizarlo también forma parte de disfrutarlo.
Este año también vuelven las agendas a la tienda
Y, como otros años, las agendas también volverán a la tienda. El pequeño problema es que estamos a finales de agosto y todavía no sé exactamente cuáles 😅.
Estoy esperando algunas respuestas y confirmaciones y hay varias cosas que me gustaría poder traer, pero de momento no puedo asegurar nada. Así que mientras todo el mundo empieza a pensar qué agenda va a comprar para 2027, yo estoy intentando averiguar qué agendas voy a poder ofreceros para 2027.
En cuanto tenga algo confirmado os lo contaré, pero me hace bastante gracia que estemos a punto de entrar en septiembre, parezca que tenemos que decidir YA qué agenda vamos a utilizar dentro de cuatro meses y yo todavía no sepa ni cuáles voy a poder vender 🥲.
Edición de finales de agosto: Programe está entrada hace un par de semanas cuando todavía no tenía nada confirmado. Pero hoy puedo decir que me han llegado las primeras «agendas» confirmadas y es la Midori Hibino. Aunque para mí es más bien un diario.
¿Entonces por qué tanta prisa?
Supongo que es una mezcla de todo. El miedo a que se agote la que queremos, la costumbre de que septiembre sea el momento de estrenar papelería, las ganas de empezar algo nuevo y esa pequeña fantasía de que el año que viene vamos a ser personas tremendamente organizadas.
¿Tiene sentido comprar una agenda el 1 de septiembre para guardarla en un cajón hasta finales de diciembre? Pues a lo mejor no…
Pero elegirla, esperar a que llegue, abrirla por primera vez y pasar cuatro meses pensando qué vamos a hacer con ella también forma parte de la diversión. Al final, si solo compráramos las cosas de papelería cuando fueran estrictamente necesarias, probablemente muchos tendríamos una pluma, una tinta azul y bastante espacio libre en casa.
Y claramente ese barco zarpó hace muchísimo tiempo.
Así que todo esto lo estoy escribiendo ahora, que todavía puedo fingir que tengo algo de sentido común. Hablamos en septiembre, cuando tenga mi Hobonichi de 2027 guardada en un cajón sin poder utilizarla durante meses y, con un poco de suerte, ya sepa también qué agendas van a llegar a la tienda 😅.


